Los murales o frescos han sido pintados tradicionalmente en sitios sacros, reflejando distintas escenas religiosas. Detroit podría ser considerado una especie de ciudad santa para el desarrollo de la industria, en especial de la automovilística. En la capital de Michigan situaron sus respectivas sedes tres gigantes del sector; Ford, GM y Chrysler, lo que le valió el apodo de Motorcity.
A veces un fuerte ascenso conlleva una fuerte caída, este fue el caso de Detroit, los gigantescos polígonos y naves industriales antaño pobladas por millares de obreros, actualmente se están convirtiendo en patéticas ruinas, cual escenario post-apocalíptico.
Sin embargo en 1932 durante todo su esplendor productivo, un artista mexicano, confeso comunista, fue contratado para reflejar el proceso productivo capitalista. Wilhem Valentiner propuso al artista decorar las paredes del Instituto del Arte de Detroit. Detrás de la oferta estaban los dólares de Edsel Ford, capo en aquel momento de la marca del óvalo.
A veces un fuerte ascenso conlleva una fuerte caída, este fue el caso de Detroit, los gigantescos polígonos y naves industriales antaño pobladas por millares de obreros, actualmente se están convirtiendo en patéticas ruinas, cual escenario post-apocalíptico.
Sin embargo en 1932 durante todo su esplendor productivo, un artista mexicano, confeso comunista, fue contratado para reflejar el proceso productivo capitalista. Wilhem Valentiner propuso al artista decorar las paredes del Instituto del Arte de Detroit. Detrás de la oferta estaban los dólares de Edsel Ford, capo en aquel momento de la marca del óvalo.
Diego Rivera llegó a la fría ciudad acompañado de su mujer, la también pintora mexicana Frida Kahlo. A Frida siempre de delicada salud, no le gustaba el enfermizo clima del sitio, apremiando a Rivera para finalizar el encargo.
Diego se instaló en un hotel cercano al Instituto, pero rápidamente visitó las zonas industriales observando allí toda la información necesaria para plasmarla en sus murales. Rivera alucinó, la oferta industrial era vastísima, Detroit se autoabastecía de todo elemento necesario para la producción; siderurgia, electricidad, incluso cemento, la gama industrial era de lo más variada, siendo los automóviles tan solo una minúscula parte, también se fabricaban barcos, trenes, aviones, tractores, fármacos y toda clase de maquinaria que se exportaba por todo el país y al extranjero.
El artista inició largos paseos por el complejo industrial Ford River Rouge, realizando numerosos esbozos o bocetos, además se hizo acompañar del fotógrafo oficial de la compañía.
A Rivera tal vez le inspiraba más el aspecto humano y el contexto social, en lugar del puramente técnico, por ello buscaba a menudo entrevistas con obreros, encargados, y diferente personal de la fábrica.
Muchas de los rostros de aquellos obreros de Ford Rouge fueron utilizados en sus murales, entre ellos también aparece el suyo ataviado con un bombín.
Muchas de los rostros de aquellos obreros de Ford Rouge fueron utilizados en sus murales, entre ellos también aparece el suyo ataviado con un bombín.
La Gran Depresión no era un momento idílico para glosar las virtudes del capitalismo como la nueva religión capaz de salvar todos los obstáculos de la humanidad. La relación obrero-patrón era muy tensa y conflictiva, por entonces la tasa de desempleo alcanzaba el 25%, y numerosas protestas obreras acababan en fuertes disturbios, incluso con fallecidos.
Rivera completó sus murales de gigantescas proporciones, en tan solo 9 meses, acabando su obra en Marzo de 1933. El ritmo de trabajo fue matador, con jornadas de 15 horas diarias sin apenas días de descanso, llegando a perder durante su realización hasta 45 Kgs. el artista mexicano.
Rivera completó sus murales de gigantescas proporciones, en tan solo 9 meses, acabando su obra en Marzo de 1933. El ritmo de trabajo fue matador, con jornadas de 15 horas diarias sin apenas días de descanso, llegando a perder durante su realización hasta 45 Kgs. el artista mexicano.
Los murales los podemos contemplar en la Sala Rivera, antiguo jardín interior del Instituto de Artes de Detroit, hoy convertido en una especie de Capilla Sixtina de la industria del siglo XX. Los murales adquieren su nombre en función de su situación geográfica, norte, sur, este, oeste.
Fruto de tan titánico esfuerzo es imposible describir todo lo que Diego Rivera retrató con la espectacular técnica del fresco, en un principio en blanco y negro para ser coloreado después. Y si hablamos de colores, debemos mencionar la luz que emana del tejado acristalado permitiendo en ciertos momentos de la jornada resaltar los colores.
Con una mezcla de realismo y simbolismo, en estos muros podemos ver operarios retirando planchas de metal a los pies de una gigantesca prensa, otros puliendo chapa bajo la atenta mirada del jefe de producción, mecánicos montando motores en cadena, carretilleros transportando enormes bloques de motores, empleados de la fundición desafiando monstruosas llamaradas, vagonetas aéreas transportando el acero, gigantescas prensas para moldear piezas, también aparece la sección de ensamblaje de chasis y motores, todo ello salpicado de extraños polipastos y correas que mueven interminables cintas transportadoras.
Debemos recordar el gran triunfo Fordiano reflejado en la obra de Rivera; el perfeccionamiento de la cadena de ensamblaje, método revolucionario para incrementar la productividad, abaratar costes y por tanto reducir el precio del producto
La obra a su término desató admiración y polémica a partes iguales, pero se puede aseverar que ninguna otra obra artística refleja mejor la fabricación de un auto. Ocho décadas tras su creación no existe parangón en ninguna otra parte del mundo.
Debemos recordar el gran triunfo Fordiano reflejado en la obra de Rivera; el perfeccionamiento de la cadena de ensamblaje, método revolucionario para incrementar la productividad, abaratar costes y por tanto reducir el precio del producto
La obra a su término desató admiración y polémica a partes iguales, pero se puede aseverar que ninguna otra obra artística refleja mejor la fabricación de un auto. Ocho décadas tras su creación no existe parangón en ninguna otra parte del mundo.














