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sábado, 20 de septiembre de 2014

EL GASOGENO


Continuamente los sectores más agoreros nos amenazan con la llegada del Peak Oil,   el cenit de producción de petróleo y derivados. Aseguran que contrariamente a lo sucedido otras veces,  la escasez o carestía de combustibles ha llegado para quedarse. ¿Os imagináis a nuestras queridas máquina consumidoras del preciado combustible fósil,  reducidas a simples goitiberas con las que deslizarse cuesta abajo por una cuesta pronunciada?. 
Crisis petroleras ya se han producido con anterioridad, y cada generación y pueblo que las ha padecido,  las ha combatido con ingenio. 

Una de las más severas se produjo en nuestro país entre los años 40 y 50. En esa triste época de posguerra con el país surgiendo de sus cenizas y en plena etapa de Autarquía Franquista,  debido al desabastecimiento de petróleo algunos coches, camiones, autocares y vehículos industriales españoles,  continuaron funcionando gracias a la combustión del gasógeno
Aquellos automóviles portaban una especie de quemador colocado generalmente en la parte trasera. 


Estas "cocinillas" se alimentaban de combustibles tan variopintos como carbón, madera, piñones de aceitunas, cáscaras de frutos secos o incluso de serrín. Todo ello combinado con una mezcla escasa de oxígeno, producía un gas inflamable que era conducido mediante tuberías al motor, provocando las explosiones necesarias para mover los pistones.


Aquellos motores previamente habían sido preparados para alternar este monóxido de carbono con el uso de gasolina, mediante llaves de paso accionadas manualmente por el conductor. 
La solución no era la panacea, el propulsor debía arrancarse mediante gasolina, y posteriormente debía procederse a encender el quemador de gasógeno. Una tarea muy lenta engorrosa. Los más osados animaban la combustión mediante papeles impregnados de orujo

La cocina portátil pesaba bastante y era un añadido con poco atractivo estético, además era difícil de mantener encendida, y lo peor de todo eran las posibles fugas de gas venenoso al interior del habitáculo.  
La potencia producida por el sistema gasógeno era muy escasa y prácticamente se diluía cuesta arriba. Pero el desarrollo del sistema de gasificación de materia orgánica, patentado en 1870 por Imbert,  en la España de postguerra  llegó a tales extremos de probarse su instalación en los Rolls-Royce del Caudillo y en la flota ministerial. 


No solamente nuestro país sufrió esa obsoleta tecnología, pues también se implantó en otros países europeos durante los penosos años del conflicto mundial.
Ahora nos puede parecer un tanto bizarro pero,  ¿Quién nos garantiza de que en un futuro próximo no volvamos a utilizar estos primitivos métodos?

FUENTES: