Uno de mis programas favoritos de la programación actual es El Efecto Carbonaro, un programa de cámara oculta y magia, donde un joven con cara de no haber roto un plato deja a todos sus víctimas con la boca abierta. Pues eso mismo sucedió la semana pasada en el Gp de España, disputado en Montmeló
Habitualmente no escribo sobre la F1 actual, pero encontré esa carrera estimulante por varios motivos.
En primer lugar, hubo un toque en la primera vuelta de los "compañeros" del equipo Mercedes-Benz. Este incidente me recordó al Red Bull crash de Estambúl o al Suzuka Crash de McLaren-Honda. Tarde o temprano tenía que pasar y la gestión del incidente se saldó civilizadamente con ambos pilotos reconociendo su parte de culpa y como debe hacerse lavando los trapos limpios en casa. Por otra parte en este tipo de situaciones queda un malestar y unos rencores entre pilotos difíciles de olvidar. Además los de la estrella tuvieron la enorme suerte de que en cualquier otro gran premio esta polémica hubiera copado los medios, pero la noticia del día iba a ser otra muy diferente.
Montmeló iba a coronar al ganador más joven de la historia de la F1. Primera carrera de Verstappen (hijo) con un monoplaza competitivo como es el RB12, probablemente el mejor en aerodinámica y chasis de la parrilla, y de no ser por que su propulsor sigue estando a años luz del Mercedes F1W07, nadie duda que en Red Bull seguirían sumando laureles a sus vitrinas. Pero como un truco de del prestidigitador Carbonaro, todo fue una suma de imprevisibles acontecimientos. Helmut Marko decidió subir al primer equipo al joven holandés y bajar al ruso Kvyiat de nuevo al Toro Rosso, algunos dicen que fue por sus errores en Rusia, el mismo Marko se quita presión de encima citando unos supuestos consejos de Sebastian Vettel, pero yo creo que realmente Marko sabe un rato largo de esto y huele la ambición y el talento en un piloto, y como un buen sabueso no suele fallar.
No lo hizo con Vettel en 2009, quien ganó cuatro carreras en su debut en Red Bull y tampoco erró con Daniel Ricciardo en 2012, subiendo tres veces a lo más alto del cajón. Tal vez por ello aventuro, y es mucho aventurar estando los Mercedes de por medio, que esta no será la última victoria la presente temporada de Max.
En el haber vemos que el auge de uno conlleva la caída en desgracia del otro gallito del corral de Milton Keynes, como le pasó a Webber con la llegada de Sebastian, y posteriormente a este con la incorporación de Ricciardo.
Pero la actitud de Red Bull y la demostración de Max Verstappen, callando muchas bocas acusándole de inmaduro, alocado y temerario, me lleva a reflexionar sobre los problemas de la F1 actual, la falta de emoción que algunos primero achacaban a los circuitos y más tarde a los monoplazas, tal vez se deban en realidad a la veteranía de algunos pilotos, con varios en la treintena, Alonso, Button, Massa, Hamilton, Grosjean. Nadie dice aquí que estén acabados pero si algo faltos de motivación y para estimularlos una solución sería poner más pilotos jóvenes y fogosos en carrera.
Puesto que no todas las escuadras disponen de un equipo satélite como Red Bull hace con Toro Rosso, sí podrían alinear un tercer auto en cada Gran Premio disponible para jóvenes promesas por debajo de los veinte años. Tal vez no saldría otro Verstappen o tardaría algo mas de tiempo en lograrlo, pero pienso que daría juego, pudiendo instaurar un ganador joven de cada carrera o un campeonato Sub-20 con premios que repercutirían en las propias escuadras para refinanciar el tercer coche.
Al final se demostró en el pasado GP que el público demanda alicientes, agradece las novedades y quiere constantemente regenerar sus ídolos. Desde mi punto de vista la verdadera revolución de la F1 no debería ser tanto tecnológica sino humana.


