A pesar de estar en la bella y turística Zarauz me atrevo a a decir que este lugar permanece oculto y olvidado, tal vez por su situación geográfica en la cima de un monte a las afueras de la ciudad. Pocos bañistas y surfistas que llenan la villa en verano se acercarán a este privilegiado mirador de la costa vasca.
Para acceder al lugar tendremos que subir una colina llamada Monte Talaimendi. Podremos hacerlo a pie por un camino desde la punta este de la playa de Zarauz, o bien si ascendemos en coche, como es mi caso, debemos tomar dirección hacia el Camping.
Si hace un día despejado podemos extasiarnos con las vistas de las olas rompiendo sobre la playa, veremos desde las alturas un campo de Golf y tambien desde este punto entenderemos porqué el Monte de San Antón de la vecina Guetaria recibe el sobrenombre de ratón.
El Gran Camping de Zarauz tiene un amplio parquing donde podremos estacionar nuestro auto. A partir de aquí deberemos seguir a pie.
Un sendero descendente conduce hasta unas extrañas instalaciones abandonadas pero bien mantenidas. Pronto advertiremos que la bajada cuenta con un importante desnivel para acceder al recinto, luego entenderemos la razón.
Se trata de un antiguo deposito minero, que formaba parte de una extraordinaria obra de ingeniería industrial, construida en 1909 y que estuvo en funcionamiento hasta 1927. Una vagoneta nos recibe junto a las tolvas con su antigua carga férrea, hematites de una ley metálica de 48% . Una acertada idea ha sido la de crear un centro de interpretación con carteles informativos para comprender mejor la magnitud de la obra.
Estas vagonetas formaban parte de un tranvía aéreo que unía la explotación minera desde el alto de Andazarrate en las afueras de Asteasu hasta este depósito. Desde aquí partía otro tranvía aéreo con destino al cantiléver o voladizo de carga para barcos que fondeaban junto a los islotes. Desde aqui las vagonetas el material era volcado a una tuberia que desembocaba en la carga en las bodegas.
Este ingenioso sistema aprovechaba la ley de la gravedad durante los 11 km de distancia que unían la montaña con la costa. Para fijar los cables donde circulaban las vagonetas fueron necesarios 112 soportes.
RECORRIDO APROXIMADO DEL TRANVIA AEREO
Un motor Diesel aseguraba el retorno de las vagonetas vacías. Este sistema de transporte en que las vagonetas cuelgan de un cable sin fin que une el sitio de carga con el de descarga, era todo un prodigio de la ingeniería en la época pero se acababa amortizando rápido pues no requería de demasiado personal y permitía salvar los numerosos accidentes orográficos de la zona. Mejor que el transporte por carretera, pues en aquellos remotos tiempos la infraestructura vial no era la optima para estos trabajos. Fue diseñado por el alemán Guillermo Vahl y construido por la firma bilbaína Corral e Hijos.
Unas escaleras nos permiten acceder a la parte superior, donde las vistas son todavía más escalofriantes, siempre con el Ratón de Guetaria como telón de fondo.
Pero más aterrador es bajar hacia los islotes donde fondeaban los barcos deseosos de llenar las bodegas y partir con rumbo hacia Francia o Inglaterra.
Una escalerilla tallada en la misma roca de los acantilados parece desafiar a los más valientes, pero además los embates del mar han hecho desaparecer algún tramo de peldaños, con lo que al menos en nuestro caso no podemos descender hasta la cala rocosa
El lugar parece una dura pugna entre el ingenio del hombre y la fiereza de la naturaleza. Allí solo sentado en el ultimo escalón parece que estés en el fin del mundo. Si durante todo el trayecto apenas me he topado con un par de paseantes, aquí abajo la soledad es absoluta. Aun así es un sitio increíble, desolado y desconocido, pero inmensamente bello.