Hace un tiempo me tomé unos días de desconexión para visitar la familia, cambiar de aires y realizar alguna salida por tierras catalanas tanto en bici como en coche. Una de las rutas realizadas fue la Daliniana.
La ciudad de Figueres es el punto de partida ideal pues alli encontramos el Teatro-Museo Dalí. Es fácilmente reconocible a distancia por los cipreses que lo rodean y unos panes de crostons adornando toda la fachada. En unas peanas unos inquietantes maniquís parecen saludar al visitante, junto a unos monumentales huevos encaramados a la cornisa.
Al entrar al recinto salimos al interior de un torreón con un patio interior y nada mas entrar vemos uno de los iconos del museo, el Cadillac convertible del artista con una escultura sobre el capot.
Uno de los espacios más amplios lo ocupa un gigantesco mural de Gala entre telones, como si fuera el gigantesco escenario de un teatro, bajo una espectacular cúpula transparente.
El Palacio del Viento también es admirada por todos los visitantes.
Encontramos gran cantidad de esculturas y sobre todo los famosos retratos de Gala, la musa dalininiana
Incluso algún detalle relacionado con el mundo del motor.
Una vez abandonamos el templo surrealista por excelencia nos topamos en una plaza contigua con la mole pétrea de la Catedral de Sant Pere, que bien merece una visita con detenimiento.
No muy lejos de la catedral se halla el Museo del Juguete, otro de los reclamos turísticos de la capital del Alt Empordà. Lamentablemente como debemos proseguir la ruta no nos da tiempo a visitarlo.
