Estaba aparcado delante de un hotel de un Gran Hotel de la ciudad y lucía muy bien en ese color añil claro, con las bandas de los neumáticos en blanco y con todas esas molduras en reluciente cromado.
Su linea de cintura es muy baja y alargada haciendo honor a su nombre, Dart en inglés significa dardo, derivado del de un concept car.
El Dart montaba un motor de gasolina de la compañía denominado Slant 6 de seis cilindros en linea, 3.687 cc y carburadores Holley que desarrollaba 150 cvs, entregando la potencia a las ruedas traseras.
Barreiros, como no, también incorporó uno de sus motores diésel, un 4 cilindros de dos litros y 60 cv.
El modelo también estaba disponible en carrocería familiar, convirtiéndolo en un auto todavía mas exótico en nuestras carreteras del momento.
Si hoy en día es un auto muy elegante y distinguido, no puedo ni imaginarme la admiración que despertaría entre la población hace 52 años, en un país falto de vehículos de alta gama.
Precisamente ese es el origen de su historia. Chrysler estaba deseosa de cubrir ese vacío en un país que comenzaba a mostrar signos de desarrollo económico. Pero la política económica del momento impedía la importación generalizada de autos y estos debían ser fabricados íntegramente aquí para poder ser comercializados. Con la idea de evitar un gran desembolso, la marca americana contactó con el empresario gallego Eduardo Barreiros quien contaba con factorías propias especializadas en la fabricación de motores de gasóleo y vehículos industriales, ofreciéndole ensamblar en su planta de Villaverde el modelo Dart. El Dart era una berlina media para el status norteamericano, pero como auto de lujo en la España del momento no tenía rival, con la excepción del Seat 1500, al cual ya le pesaban los años.
Barreiros se dejo seducir por las cifras previstas de ventas presentadas por los norteamericanos, unos veinte mil modelos anuales, y decidió apuntarse a la aventura. La corporación americana también ofreció la fabricación en Madrid del Simca 1000. Aunque para ello Barreiros en continuado conflicto con el Ministerio de Industria, que tenía en palmitas las empresas estatales oficiales (Pegaso y Seat), hubo de convencer a las más altas instancias del Régimen Franquista para obtener el permiso de importación de chapas, motores y bastidores bajo el compromiso de producir integramente todas las partes del modelo Dart posteriormente.
Desgraciadamente las previsiones de ventas pronto se mostraron erróneas y Barreiros, quien hubo de asumir el desembolso de aquellos motores y bastidores sin poder darles salida entró en perdidas financieras y la Chrysler Corporation pasó a ser el accionista mayoritario de la compañía.
Muchos vieron una hábil maniobra americana, por no llamarle engaño, para introducirse en el mercado nacional y aprovecharse de las instalaciones y del personal cualificado que se había logrado atesorar a base de esfuerzo del orensano.
Pero como se vió después, Barreiros no era el problema de fondo y en 1978 Chrysler debido a su mala gestión hubo de vender sus filiales españolas y sus fábricas al grupo Peugeot Talbot por el precio simbólico de un Dólar.
Barreiros fue cesado y firmó un acuerdo multimillonario por el cual se comprometía a desvincularse de la industria automovilística durante cinco años. Un emprendedor como él no podía parar quieto y creó numerosas empresas en sectores tan variopintos como el vinícola o el minero. Pero su verdadera pasión era el diseño y la construcción de vehículos motorizados y tras ganar un concurso internacional aceptó la oferta del gobierno cubano para construir vehículos pesados, de hecho el genio gallego acabó sus días en La Habana.




