En esta ocasión nos subimos al Golf y nos dirigimos al centro espiritual de Gipuzkoa. Situado en la "noble y leal" villa de Azpeitia hallamos el Santuario dedicado a San Ignacio de Loyola, erigido junto a su casa natal.
Para ello viajamos por la A-8 en dirección a Zarautz, abandonando la autopista del Cantábrico en Zumaia, para dirigirnos hacia Zestoa. Una carretera que discurre a orillas del Rio Urola nos conduce hasta Azpeitia. Debemos atravesar toda la industrial villa y proseguir hacia Azkoitia. Justo a las afueras de Azpeitia veremos la descomunal presencia de la cúpula que corona el templo.
No encontraremos demasiado problemas de aparcamiento a escasos metros del recinto, al que accedemos a pie por un puente que cruza el Urola. En medio de un valle típico de la zona, nos topamos con un bello lugar ideal para pasear entre sus plazas y jardines
Como no podía ser de otro modo nos recibe una escultura en un pedestal del fundador de la orden de los Jesuitas.
Aunque todas las miradas de los visitantes al recinto confluyen en la imponente Basílica. Realmente lo primero que destaca son las imponentes dimensiones, imposible de apreciar en dos dimensiones. Pero indicaremos que el edificio consta de 150 mtrs de fachada, en cuyo centro destaca unas escalinatas guardadas celosamente por leones que conducen al templo, curiosamente de forma circular, yo desde luego no recuerdo otra iglesia con esta disposición.
La portada consta de tres arcos. Si nos giramos desde lo alto de las escaleras tendremos un mirador ideal para apreciar la belleza natural del lugar, rodeado de montañas, ideal para erigir un templo. Para hacernos una idea de la magnitud del lugar solo deciros que en estas explanadas se reunieron cien mil fieles durante la visita papal de 1982.
Las escaleras conducen a lo que parecen ser dos edificios aledaños a la basílica. Uno de ellos aloja la casa natal del patrón de Gipuzkoa.
La fachada exterior oculta unos imponentes muros de piedra, típicos de una fortaleza medieval. La parte superior es de ladrillo y se eleva hasta tres plantas. Una escultura de bronce, originalmente emplazada en Pamplona, recrea el traslado de San Ignacio, herido tras la batalla del Castillo.
Esta casa torre data de finales del siglo XIV, pero fue destruida en la contienda de la Guerra de los Bandos entre los Oñacinos y los Gamboínos. Posteriormente los Jesuitas la adquieren en 1682 y comienzan la construcción del santuario de estilo barroco encomendando su diseño al italiano Carlo Fontana. Este falleció antes de ver acabado su obra, pero esta fue continuada por relevantes arquitectos como Joaquin Churriguera. La basílica fue terminada en 1738. La orden de la Compañía de Jesús fue expulsada de España por Carlos III y los edificios aledaños que contemplamos hoy en día no fueron terminado hasta el 1888.
Pero la figura estelar del conjunto es sin duda la basílica circular de 20 mtrs de diámetro y 50 de altura con fachada de mármoles extraídos del Monte Izarraitz, para su colocación se necesitaron hasta 600 canteros.
La cúpula tiene 15 mtrs de altura extra que le otorgan la linterna y este peso extra supuso otros trabajos de refuerzo en la zona. Tiene dos paredes, una exterior de caliza y otra interior mas blanda de arenisca. Donde confluyen los nervios de la cúpula están situadas esculturas que simbolizan las virtudes y también vemos los escudos de las casas reales de los Austrias y los Borbones.
El altar mayor de estilo churrigueresco, construido de mármoles dorados fue diseñado por Ignacio de Ibero en 1750 y se necesitaron siete años para su finalización. El conjunto esta rematado por varios altares más, un órgano y espectaculares vidrieras.
El Santuario de Loyola forma parte de la denominada Ruta de los Tres Templos, incluidas otras joyas arquitectónicas como la Ermita de la Antigua y nuestra señora de Aranzazu, que prometen ser tanto o mas espectaculares todavía.