Como la situación actual no está para mucho turismo, seguimos viajando, aunque solo sea a través del recuerdo. En esta ocasión si me queréis acompañar os propongo visitar el territorio conocido como Baja Navarra de la mano del Leoncito 207 .
Esta comarca también conocida como Navarra del Norte esta situada en el Departamento de los Pirineos Atlánticos Franceses, en la región de la Aquitania.
Se puede acceder desde Roncesvalles o también por Elizondo. En mi caso accedí a la región por una carreterita no muy lejana a la capital navarra, la NA- 138 cruzando la muga por el Valle de Aldude. Como siempre os dejo un mapa indicativo de la ruta.
Los monumentos destacados de Aldude son la típica iglesia de campanario puntiagudo y un hito a los paisanos caídos en la Gran Guerra.
Siguiendo por la D-948 paralela al río, se llega hasta Baigorri, población sita en pleno Camino de Santiago, la cual guarda grandes joyas arquitectónicas. Una de ellas es la Iglesia de Saint-Etienne. Como muchas de las parroquias de la región disponía de una puerta de acceso reservada a los Agotes, pueblo maldito que era objeto de una severa discriminación por el resto de vecinos.
El Nive parte en dos parroquias Baigorri, pero por suerte numerosos puentes nos permiten salvar el obstáculo, y de paso son un bello marco para retratar al Peugeot.

El Puente Romano, (en realidad data del siglo XVII) nos permite acceder al Palacio de Etxauz, familia de nobles feudales.
El Nive parte en dos parroquias Baigorri, pero por suerte numerosos puentes nos permiten salvar el obstáculo, y de paso son un bello marco para retratar al Peugeot.

El Puente Romano, (en realidad data del siglo XVII) nos permite acceder al Palacio de Etxauz, familia de nobles feudales.
Esta es una región vinícola, cuyos caldos gozan de gran prestigio y numerosos caminos nos permiten acercarnos al corazón de los viñedos.
Sin duda la capital de la comarca es la población de Donibane-Garazi (Saint Jean Pied de Port en francés).
Albergue de los peregrinos del Camino de Santiago, que cruzan los temibles puertos pirenaicos y ciudad turística con gran número de hostales, restaurantes para el reposo de los caminantes y comercios en su mayoría dedicados a los productos gastronómicos de la región.
Deberemos dejar el coche en un parking a las afueras, pues el interior de la villa conserva las murallas y las estrechas calles empedredas originales.
Albergue de los peregrinos del Camino de Santiago, que cruzan los temibles puertos pirenaicos y ciudad turística con gran número de hostales, restaurantes para el reposo de los caminantes y comercios en su mayoría dedicados a los productos gastronómicos de la región.
Deberemos dejar el coche en un parking a las afueras, pues el interior de la villa conserva las murallas y las estrechas calles empedredas originales.
Siempre es una gozada acceder por grandes portones, en este caso la Puerta de Santiago, hacia el interior del casco medieval.
La dura subida por el piso empedrado tiene su recompensa al llegar a la Ciudadela, recinto fortificado, desde donde podremos admirar la belleza del pueblo a nuestros pies y también nos podemos deleitar con vistas de gran parte de la región.
La ciudadela fue construida en el siglo XVII como avanzadilla defensiva de Pamplona, capital del reino Navarro.
Si no sufrimos de vértigo, un paso elevado por las murallas nos permite recorrer un camino de ronda por el cual debían transitar los vigilantes de la villa, para poder regresar al pueblo y bajar hasta la Iglesia de Notre-Dame, en cuyos alrededores se aglutinan restaurantes, bares y comercios.
Abandonamos esta hermosa ciudad medieval por la Puerta de España, y lamentablemente ponemos fin a nuestro paseo a través de estas tierras mágicas con tanto legado histórico, pero a su vez tan vivas y de gran belleza paisajistica.

























































































