Debo confesaros que en este caso la excusa para visitar esta población no es solamente su entorno paisajístico privilegiado o su patrimonio monumental (que también los tiene), pero para mi su principal encanto es encadenar los dos puertos de montaña, Aritxulegi y Agiña, que unen Gipuzkoa con esta localidad navarra situada en el corazón de la Comarca de las Cinco Villas.
Aritxulegi es un paso horadado en la roca que une las provincias limítrofes. Se trata de una carretera típica de la zona; estrecha, sin arcén, pero sin apenas tráfico, pero con amenazantes paredes de piedra viva al abrigo de una exuberante vegetación y con un asfalto eternamente húmedo que aconseja tomarse las cosas con calma si no queremos tener un sustito.
Poco después de superar el estrecho y poco iluminado túnel ya nos encontramos en navarra e iniciamos un descenso hasta el Embalse de San Antón. A partir de ese punto comienza la ascensión que nos llevará hasta la cumbre donde está situado un monumento de Jorge Oteiza erigido en honor al Padre Donostia, un sacerdote y músico. En dicha zona también se hallan restos de monumentos funerarios prehistóricos. Ahí iniciamos otro tramo de descenso con numerosas curvas de herradura, en ocasiones circulando bajo las copas de enormes hayas y robles hasta llegar a la población de Lesaka.
Llegados a la villa busco aparcamiento y lo encuentro al lado de un lavadero antiguo pero reformado.
Justo delante del aparcamiento hay un artesano de la forja.
A Lesaka se la denomina la Pequeña Venecia y es que el río Onin, afluente del Baztán, la atraviesa por el medio y los habitantes se establecieron a una y otra orilla. Una de las teorías sobre origen del nombre de la villa deriva del topónimo Latsaga (lugar del arroyo). Además de numerosos canales bajo los que fluye mansa el agua, cuenta con innumerables puentecillos para atravesarlos.
Sobre estos estrechos petriles se realizan unas danzas y saltos que ponen a prueba el equilibrio y agilidad de losEzpatadantzarislocales. Estos bailes típicos tiene lugar el 7 de Julio por la festividad de San Fermín y conmemoran el fín de las rencillas locales entre los habitantes de ambas orillas, allá por el lejano siglo XV. Al termino de los bailes, como símbolo de unidad la bandera de la villa es ondeada sobre el puente.
La Torre Zabaleta con otro puente a sus pies es un perfecto ejemplo de las casas torre vascas, castillos medievales de nobles feudales, que ha llegado en pie hasta nuestros días en un cuidado estado de conservación.
No una sino dos imponentes edificaciones defensivas, se levantaron en Lesaka, lo que da una idea de la importancia de la villa. Esta otra es la Torre Miryurinea más antigua incluso que la de los Zabaleta.
Otro de los monumentos que se repiten a lo largo de la visita a villa son los cruceros. Sobre ellos hay multitud de mitología, algunas teorías sostienen que se erigían en los cruces de caminos para desorientar a las almas errantes y otros seres del inframundo. Si parece estar documentado que fueron lugar de enterramiento de personas que no habían sido bautizadas y no podían ser sepultadas en cementerios, y lo más parecido a suelo sagrado eran los alrededores de estas cruces pétreas.
También se habla que eran lugares de escarmiento público. Uno de ellos denominado Pillirik era donde al ajusticiado de turno se le colgaba a la columna de la lengua y se le dejaba un tiempo ahí para amedrentar a la población.
Las calles empedradas sin aceras ni coches son una gozada para caminar, paseando junto a casonas con planta baja de piedra de sillería y gruesos muros sobre las que se levanta un entramado de vigas de madera rematada por una amplia balconada.
Al otro lado de la carretera se alza otra de las edificaciones más imponentes del pueblo, su campanario es visible desde cualquier parte y nos sirve de faro para llegar a la iglesia. Subimos una cuestecilla hasta alcanzar una privilegiada atalaya en la Iglesia de San Martín de Tours. Como era usual en la época sus monumentales dimensiones provocaron que su construcción se dilatara varios siglos en el tiempo (XVI, XVII, XVIII) lo que daba lugar a cambios en sus estilos arquitectónicos.
En definitiva nos hallamos en un lugar privilegiado de los Pirineos Navarros tanto por su entorno natural bellísimo, como por un gran legado historico y artístico, sin olvidar sus bellas carreteras para perderse en busca de otros destinos al menos tan interesantes como este.