La razón alegada fue el auge de los llamados Joyriders. Este fenómeno social consistió en la proliferación de bandas de delincuentes juveniles especializados en el robo o sustracción de vehículos rápidos.
Las pandillas eran especialmente activas en Irlanda del Norte, donde en respuesta a una legislación algo laxa, algunos grupos extralegales se tomaban la justicia por su mano, rompiendo dedos de la mano o las rodillas de los presuntos ladrones.
Algunos solamente era usados para practicar una conducción temeraria a alta velocidad, y posteriormente eran abandonados en lugares rurales, mientras otros se veían implicados en atracos a gasolineras o trapicheos.
La policía alegaba que cuando divisaba algún Joyrider era incapaz de detenerlos debido a las escasas prestaciones de sus coches patrulla, después los cacos se deshacían de los pobres autos, en ocasiones incendiándolos para no dejar posibles huellas.
El siguiente vídeo real, sirve a la perfección para ilustrar el caso, fue grabado en Suecia y el policial Volvo o Saab de turno intenta perseguir infructuosamente a un veloz Lotus Carlton/Omega hasta que este se pierde en el Hiperespacio...
Estas acciones fueron tan comunes que tuvieron su impacto en la cultura pop de la época, reflejándose en películas y canciones.



