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domingo, 21 de marzo de 2021

GOLFEANDO; MONTE URGULL

Para celebrar las 29 primaveras de mi Golfete aprovechamos para hacer un paseo corto,  debido a las restricciones de movilidad no salimos esta vez de la ciudad. Este año de la maldita pandemia no hemos hecho muchos kilómetros, apenas lo he usado,  pero en los coches antiguos haciendo una analogía con las personas mayores,  también se puede aplicar el dicho aquel de "si no quieres pastilla dale a la zapatilla". Así lo he arrancado regularmente y he aprovechado para ir a hacer la compra al super, llevar las perrillas al campo y algún que otro paseo por la ciudad. En cuanto al mantenimiento le he cambiado aceite y su filtro, he reparado los frenos traseros, el parabrisas delantero que estaba con una grieta,  y he sustituido el limpia trasero. 

paseo nuevo

El Paseo Nuevo nos lleva hasta una de las posibles entradas al Monte Urgull, una de las colinas emblemáticas de la ciudad. Esta península orgullosa emerge de las aguas cubriendo sus acantilados con una flora y fauna endémica que lo convierte en un autentico pulmón verde de la ciudad. 
Personalmente este fue uno de los primeros lugares que visité de la ciudad y recuerdo me sobrecogió su belleza, aunque por sus fuertes desniveles no recomiendo visitarlo después de una noche algo agitada como fue mi caso.
Como decía podemos acceder a Urgull por diferentes entradas, pero para poder estacionar recomendaría el parking junto a la Construcción Vacía del insigne escultor  Oteiza.



Si no nos asustan las empinadas escalerillas de piedra, ascenderemos en pocos metros hasta la Batería de las Damas, una de las mejores panorámicas para divisar la Isla de Santa Clara con la playa de Ondarreta y el Monte Igeldo como imponente telón de fondo.


Encontramos imponentes cañones apuntando a la bahía y parecen lo suficientemente amenazadores para disuadir a los buques de guerra invasores. 
La batería de las Damas recibe su nombre de una antigua fuente frecuentada por las mujeres donostiarras que subían a recoger agua para sus labores domesticas. 
En este mirador en época de temporales marítimos muchos intrépidos fotógrafos obtienen las famosas instantáneas y videos del oleaje tempestuoso saltando muchos metros por encima de los rompeolas.


No es el caso de hoy, con el mar en calma, seguimos ascendiendo por una serie de escaleras y laberinticos pasos a través de murallas, troneras y restos de fortificaciones militares que nos llevarán al pasado,  y aparecemos en uno de los bares más elevados de la ciudad, el Polvorín donde tendremos la sensación de tomar nuestra consumición en un avión que sobrevuela La Concha.



Atravesamos el Cierre del Oeste y aparecemos en el mirador privilegiado de la Bateria de Santiago, actualmente en rehabilitación. Un caminillo a través de un pinar nos permite alcanzar la cima de Urgull a 120 metros sobre el nivel del mar donde se alza el Castillo de la Mota.


Su situación privilegiada como atalaya bélica ha favorecido siempre la proliferación de construcciones de carácter militar. La más antigua data del siglo XII perteneciente al Reino de Navarra. Con el paso del tiempo se fueron superponiendo fortificaciones que han sobrevivido a diferentes contiendas bélicas. Seguramente la mas sangrienta y recordada fue la total destrucción de la ciudad en 1813 a cargo de las tropas francesas, La Mota fue declarado Monumento Nacional en 1984 y actualmente el castillo acoge a un museo. En una de sus capillas se alza un monumental Sagrado Corazón de Jesús de 12, 5 mtrs visible desde cualquier punto de la ciudad. 



Ahora si por fin iniciamos el descenso y abandonamos el Castillo de la Mota en dirección al Baluarte del Mirador situado encima de otra puerta de entrada al recinto que desciende hasta la Parte Vieja. Desde allí obtenemos otras tremendas vistas de pájaro sobre la desembocadura del Urumea y la playa de la Zurriola, en algunos puntos solamente recomendables para los que no tienen vértigo.


Iniciamos el camino de vuelta hasta el Paseo Nuevo y nos detenemos en uno de mis lugares preferidos, el Cementerio de los Ingleses es un enclave con tumbas, lápidas y mausoleos que miran al mar, casi engullidos por la maleza y las rocas. ¿ Que hicieron estos oficiales británicos para ser enterrados en un entorno tan mágico os preguntareis? pues la ciudad les estará eternamente agradecidos por liderar las tropas que defendieron la ciudad y el régimen liberal contra el asedio Carlistas en 1837.

Esta es mi visita personal,  pues este es uno de esos lugares con infinidad de paseos, senderos, miradores y recovecos para perderse horas y horas y como decía estoy seguro que cada visitante tiene su rincón favorito para rodearse de la historia y la naturaleza exhuberante y olvidar por unas horas el ajetreo de la urbe que nos rodea.