Esta entrada de la sección
curvas míticas, es más propia de un blog de sitios abandonados que de un blog de motor. Este verano aprovechando una visita a Barna, no pude resistir la tentación de visitar
el primer circuito de carreras construido en el estado español.
Fue allá por un lejano mes de
Octubre de 1923 cuando se inauguró el autodromo más emocionante del mundo, (según rezaba su publicidad) celebrándose el II Gran Premio de España de Velocidad. Un escalofrío recorre mi espalda al pensar que he recorrido
el tercer circuito permanente más antiguo de la vieja Europa, solo superado por el de
Brooklands en las
Islas Británicas (1907) y
por
el Autodromo Nazionale di Monza.(1922) y superando al francés, ubicado en
Montlhery (1924)
Como vemos en el vídeo se trata de un circuito oval, de poco más de 2 kms de longitud, con dos curvas peraltadas. Si buscáis más información relacionadas con su breve historia y anécdotas acaecidas allí, os recomiendo esta entrada de
Jose Luis en su blog
pulguita a todo gas. O incluso más recomendable todavía es el articulo de
Craksracings.com. En contra de la opinión de los que remachacan temas ya publicados en internet (he encontrado incluso algunos propios) prefiero recomendar el articulo original si no puedo añadir algo mejor.
Después de conocer un poco su historia y como era El Autodromo Sitges-Terramar veamos que nos encontramos ahora allí:
Quien avisa no es traidor. Ahora son propiedades privadas y como tal debemos respetarlas. El día de la visita, en mi cabeza pretendía recuperar los ecos de los sonidos estridentes de los motores y los gritos de aliento de los aficionados, pero tan solo estuve acompañado del silencio típico de los lugares olvidados.
Lo primero que me llamó la atención fue el pavimento. Lejos de ser liso y uniforme, las losas de hormigón con que estaba recubierto tenían importantes grietas, quiero pensar que no estas no estaban presentes hace casi 90 años, cuando lo pisaba a toda pastilla Nuvolari y compañía.
Eso si, era un día de muchísimo sol, y el suelo parecía quemar. En este trazado Alonso y su Ferrari no tendría tantos problemas en calentar sus gomas.
¿Abandonado, en ruinas? ¿quien dijo eso?, una serie de vallas y conos recorrían la recta principal, y también estaban presentes unas extrañas huellas de neumáticos de coches cuya anchura delataba que su causante era algo "gordo" y reciente.
La explicación bien podía encontrarse en los siguientes vídeos. El rallye de históricos Barcelona-Sitges ha frecuentado L' Áutodrom. También algunos clubs (mini clasicos, Bmw) han debido de obtener permiso para rodar en esta joya de la automoción mundial.
Por desgracia un servidor hubo de contentarse con recorrerlo a pata, y por cierto se debe hacer en sentido contrario a las agujas del reloj, tal como se disputaban las carreras.
En la recta de meta encontramos un caserón, que de ser puesto en venta tendría un extra irresistible para los aficionados al motor. ¿Os imagináis contar con un circuito en la puerta de vuestra casa?.
Al acercarse a la primera curva la inclinación va en aumento, y la verdad para el que no ha visto antes un ovalo, impresiona la altura que alcanza el peralte en su parte superior.
¿Quien dice que los circuitos ovales son aburridos?, pasar por ahí arriba a más de 200 kms/h. no es la idea que tengo del tedio.
A la salida de esta curva nos encontramos una pared rocosa, un poco amenazadora, evidentemente la palabra "escapatoria" no existía en los diccionarios automovilísticos de los años 20.
Llegamos a la contrarecta que curiosamente no es recta, pues tiene una pequeña desviación. A mitad de recta se halla un edificio de tres plantas cuyo avanzado estado de deterioro no hace muy recomendable su visita.
Dentro del recinto la naturaleza ha recobrado su territorio frente al hormigón y encontramos a los actuales habitantes del circuito.
Proseguimos la vuelta para toparnos con la curva conocida como Oeste..
Finalizamos la vuelta al autodromo con la recta de meta
Al abandonar este autodromo de Sitges-Terramar sentí una gran admiración por este monumento de historia automovilística, que tímidamente permanece medio oculto. Tal vez ese sea su secreto para desafiar el paso del tiempo. Esperemos que sea por mucho más tiempo antes de que entre en los planes urbanísticos de algún ayuntamiento.