Allí interpretaba a un hombre desgarbado, llevaba gorro, paraguas, pipa, gabardina y calcetines a la vista, quien para nuestro deleite tiene la habilidad de verse inmerso en toda clase de situaciones cotidianas que se vuelven absurdas y delirantes.

En Trafic (1971), Tati vuelve a encarnar al señor Hulot, reconvertido en esta ocasión en un diseñador de una marca automovilística francesa. Su creación, una Renault F4 llena de singulares soluciones para los campistas, deberá viajar hasta Amsterdam para un Salón del Automóvil.
Durante el trayecto Tati aprovecha para coreografiar todo tipo de simpáticos y geniales accidentes automovilísticos, quien sabe tal vez para burlarse del que él mismo director sufrió en 1955, y le dejó algo mal parado.
Tati fue un gran observador de la sociedad humana, burlándose en todas sus obras de las peculiares conductas y reacciones humanas (en este caso al volante), siempre con un sutil toque hilarante. De hecho el propio Tati dijo" La vida es muy divertida si uno se toma la molestia de observarla".
A mi particularmente me maravilla este humor de gags encadenados al son de unas campanillas, un humor de mimo, de "cartoon" americano, rayando lo circense, sin demasiado dialogo, pero cada escena nos deja una sonrisa de admiración en el rostro.
El siguiente extracto corresponde a otra peli suya, titulada Playtime (1967), cuyo elevado coste de producción, le dejó prácticamente en la ruina.
Aquí también vemos reflejado el extraño e imaginativo mundo motorizado de este genio del cine y del humor que nos dejó en 1982.
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